
Recientes investigaciones han llegado a la conclusión de que las primeras manifestaciones del canto de la actuación surgen en Grecia, cuando se realizaban ritos en que los sacerdotes encarnaban a los dioses para explicar al pueblo el significado de sus enseñanzas y órdenes.
El primer actor del que se tiene conocimiento escrito fue el griego Tespis, que actuó en el Teatro Dionisio de Atenas en el año 534 A.C. En el escenario, éste habló en primera persona, interpretando de esta manera a un personaje. Hasta entonces ya se habían narrado historias ante una audiencia, pero siempre en tercera persona y, además, de forma cantada.
Hasta el siglo XVII los actores sólo podían ser hombres. Se consideraba algo de mal gusto que una mujer actuase en un escenario. Así, en la época de Shakespeare los papeles femeninos eran interpretados por hombres o por muchachos jóvenes. Fue en los teatros de Venecia donde se produjo el cambio que permitió a las mujeres realizar interpretaciones teatrales.
El medio cinematográfico ha transformado profundamente la situación del actor. En las técnicas de actuación, la diferencia con el medio teatral es apreciable; por un lado la existencia del primer plano y de diferentes planos expresivos dentro de una misma secuencia o bien la integración de su interpretación en la figura del plano general; por otro la discontinuidad de la acción en la fase de rodaje, el doblaje, etc. Por esta razón la dirección y el montaje son elementos de una relevancia igual o superior a la interpretación.
Hoy en día, los actores están muy bien valorados dentro del mundo cinematográfico, televisivo y teatral... y las estrellas llegan a cobrar cifras millonarias que hace unas décadas eran impensables. Ademas, la profesionalización de los mismos a través de escuelas y formación, ha contribuido a que haya un abanico muy amplio y suficientemente preparado, para abarcar la gran demanda de producción actual...
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